El viejo violín

Calla el viejo violín tras años de abandono. El polvo se acumula en su superficie ajada derribando la memoria de aquellos tiempos: años de esplendor, de melodías y brillos. Cada grieta es un lamento; corcheas que se desvanecen entre el descuido y el silencio.

Madera sin forma; objeto extraviado. Un acorde enmudece confiándose a los ecos de un abismo silente. La soledad se ensancha: ya no hay manos vibrantes, tampoco hay cadencias. Solo queda la quietud de las partes que conformaban el todo; aquellas que daban forma a la vida y con ella a la música ¿O debería escribirse al revés?

Calla el viejo violín y con él se abstiene hasta el silencio… Aunque no siempre fue así, sé que un día estas viejas maderas recobrarán su fuerza y su energía. La música surgirá a borbollones, como brota el agua a los pies de una laguna en tiempos del deshielo. El brillo, las corcheas y los acordes resonarán de nuevo desde su vientre limpio y renovado. Porque no hay estado que dure para siempre 😉

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