El aullido salvaje

Todas y cada una de las piedras permanecen en el fondo. Así ha sido desde el principio de los tiempos. Cada una de ellas con su forma, tamaño y color. En unas se pueden ver todavía los reflejos de toda la edad reciente: llevan fondeadas poco tiempo y se las reconoce fácilmente. Pero lo que es cierto es que los siete metros de agua que tienen por encima, sí pueden distorsionar sus contenidos y velar ligeramente los continentes.

Bucear es muy complejo cuando no se tiene práctica, por no decir pericia. Es la falta de un instinto que habita agazapado por el tiempo y sus heridas. En sus inicios lo más fácil es que falte el aire para llegar al fondo tratando de vencer la resistencia del agua y del tiempo. Las brazadas parecen inútiles muecas bajo el agua: el esperpento del caminante extraviado oteando a la rosa de los vientos en busca de referencias.

Lo más fácil y lo más cómodo consiste en abandonar; decirte que no puedes, que ¡¡¡Qué más da!!! La vida ya ofrece sus miles de sucedáneos útiles para entontecer el alma y disimular una sonrisa. Es así de simple: seguir caminando sin más, o sin querer entender cómo es que uno acaba por tropezar tantas veces con las mismas piedras… Total, lo sencillo es culpar a las piedras del camino… Y “la vie est rose“…

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Aunque si he de ser sincero ¡La vida es salvaje! Es una explosión de creatividad sin límites ni horizontes ¡¡¡Todo es posible en la vida!!! ¡¡¡Hasta las más diminutas partículas pueden estar en dos lugares al mismo tiempo!!! Qué paradoja ¿Verdad? Dar un gran brinco hacia atrás en el tiempo observando el presente, para mirar cara a cara tus anhelos, tus caretas y desatar los nudos que uno mismo se ha ido haciendo con el paso de los años, en el vano intento de permanecer en la corriente y fluyendo con ella ¿Cómodamente?…

Ese flujo no es más que la ilusión colectiva disfrazando la histeria y el desaliento por no poder Ser… Y este es el gran daño que fabrica todas y cada una de las piedras, que van al fondo oscuro del lago para que no puedas verlas. Son todas y cada una de las heridas de toda una vida. Son la cultura, la familia, lo correcto, lo que debe ser, lo que se espera: zancadillas al fuego creador y a la tremenda cascada de inagotable creatividad que todos llevamos dentro; que todos somos realmente.

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Por eso hay que bucear, sin que importe la edad, ni el tiempo. Hay que bucear a base de preguntas y más preguntas, que como llaves, acabarán por abrir todas y cada una de las puertas que acceden al estanque: en la profundidad de las noches podrás ir encontrando respuestas y otras piedras.

Un espacio en el tiempo que seguramente será más ligero de lo que uno podría llegar a pensar… Porque realmente no hay que permanecer ahí mucho tiempo: lo justo para conocer… Una vez que sabes, ni cien metros de agua podrán ocultar ninguna de aquellas piedras. Y ahí surge el gran milagro del Ser… Ya nada ni nadie podrá hacer que dejes de aullar en los claros de luna nacidos de la espesura de los bosques de la creación. Y cuando te mires a los ojos, podrás ver toda la fuerza y el brillo del universo en ellos. Ahí está el alimento que necesitamos!!! Auuuuuuuuauuuuauuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!

Aimless Grey – Rafa, para los amigos 😉

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7 comentarios en “El aullido salvaje

  1. Yo buceo en el mar. Buceo en el mar del conocimiento. Buceo en el pasado propio y el de los eones. Buceo en los ojos de los otros en el intento de verme reflejado. Buceo hacia dentro de mi y por encima de mi.
    Sin miedo a dejar de ser río por unirme al mar.

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