Cuarenta y nueve días

Cuarenta y nueve días bastan para que los caminos se llenen de hierbas, espigas y flores. Cuarenta y nueve días y esa lluvia generosa que nos ha ido regalando esta primavera de humanidad enclaustrada.

Cuarenta y nueve días para despertar temprano y pedalear sin parar hasta que el aliento entra en estado de fatiga por la falta de costumbre. Pero que importa el aliento cuando ahí afuera la vida se expresa con todos sus matices saturados de color, aroma y música.

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Aun es pronto y nadie parece haber transitado por estos caminos durante tanto tiempo. Exactamente cuarenta y nueve días. Un tiempo que quizá nos vino bien para pensar un poco en nuestras vidas. Y es que, de los listados de importancias, se han ido destiñendo mil palabras antes escritas, que dejan tras su huida, esos otros mil huecos, ahora blancos.

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Resulta que nuestras vidas cotidianas se esfuman al compás de las manecillas que mueven los engranajes del reloj. Un artilugio creado por nosotros para el autocontrol y para no fallar, puntuales, a todas aquellas obligaciones que nos hemos creado hasta convertimos en lo que somos: el Homo Fertilis, u hombre productivo.

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He pedaleado sin parar por muchos kilómetros, desoyendo mi respiración y hasta que el camino ha perdido su trazo entre una vegetación maravillosa y desorbitada. Y allí me he parado un instante para sentarme entre las hierbas, las espigas, los campos de amapolas, las flores con sus mariposas y un sinfín de perfumes olvidados, pero tan frescos y limpios, como las diminutas gotas de rocío que aún el sol no había levantado.

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Solo han hecho falta cuarenta y nueve días para que sucediera este ‘milagro’ de tener que llevar la bicicleta a cuestas. Soy muy consciente de que será difícil volver a darle cuerda al reloj, aunque dentro de mí, ya sé que no podré volver a utilizarlo como antes…

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10 comentarios en “Cuarenta y nueve días

  1. La de ciclistas que he encontrado en el monte. Muchos de ellos no calibraron bien el tiempo que han estado parados y sus posibilidades y pusieron el pie en tierra.
    Bueno, mis cuádriceps están machacados pero eso no va a impedir que a la tarde vuelva al monte.
    Me alegro que disfrutaras.

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    1. Poco a poco iremos recuperando fondo, Car 😉

      He disfrutado muchísimo. Lo echaba en falta, la verdad. Quienes disfrutamos con la naturaleza, con estas medidas de alivio, somos un poco más nosotros mismos.

      Que disfrutes está tarde. Yo pienso hacer lo mismo.

      Un abrazo!

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  2. Es la naturaleza en estado puro la que se deja sentir a través de tus palabras, bellas palabras. He podido a través tuya oler la hierba húmeda de la mañana, ver y oler las flores en su más bella expresión y observar cómo el corazón vuelve a ponerse en movimiento aunque encerrado nunca dejó de latir, si te digo con más fuerza aún.
    Cuarenta y nueve días descritos con la sensibilidad que te caracteriza que hacen de tu escrito hoy un magnífico y espectacular canto a la nueva primavera que se nos ofrece.
    Un fuerte abrazo y feliz domingo.

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  3. Hay a quienes les cuesta admitir que somos parte de la gran diversidad de la Naturaleza y que, para sobrevivir, hay que conservarla. Nos hemos dado cuenta de ello, cuando comenzábamos a perderla. ¡Un texto genial, me ha encantado Rafa! También yo cogí mi bici y como decimos por aquí, “se me fue el santo al cielo” totalmente “ensimismada” mirando la gran belleza de la Naturaleza. Un abrazo.

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